Calida brisa mañanera entra por las ventanas de poniente.Al pelmanecer en silencio se oían las suaves olas azotan la dura madera que reconstruye el transaltlantico.
Eran más de las 9 y las actividades de abordo comenzaban.Haciendo caso omiso de la alarma me acurruqué entre las sabanas.
Era una mañana tranquila,mis padres dormian en el camarote consecutivo al mio y mi hermana ya habia bajado a desayunar.Podía disfrutar de la mañana un poco más.
Cojí rápido el sueño.Aparecieron miles de personas y yo estaba situada enfrente de una mesa,con algo parecido a un ponche,y algunos que otros tentempies-claramente estaba en una fiesta- era de noche,todos iban por parejas,habían unos pocos desafortunados sentados por sillas esparcidas por la gran salada morada,del techo de la cual brotaba una bola de critales enormes -lanzaba rayos de luz allí donde daban los focos-,o algunos tambien estaban en la barra viviendo algunos martinis o malibuses.Creí que yo tambien sería uno de esos aburridos,pero no,algo me sorprendio.Me puse de pies,parecía estar aburrida,me eché algo de ponche,cuando una voz surgio tras mi espalda.
-Con poche te aconsejo que tomes esos pastelitos de nata de ahí.
Era una voz dulce,pero claramente masculina,y se le notaba en la voz un tono...¿despectivo?
Dí media vuelta,y lo ví,era un muchacho lijeramente rubio,con ojos profundos con tonos oscuros de los cuales aparecían ciertos reflejos verdés y azules.Con rasgos angulos,una sonrisa encantadora se posaba en su boca.
-Soy...
De repente desperté,sonó en el telefono,una voz metalica y indiferente sonó trás él:
-¡Buenos días!, servicios despertador,esperamos que tengas un buen día.
Tras un amargo resoplido,me levante de mala manera de la cama.
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